sábado, 8 de octubre de 2011

De las amantes de los reyes y otras damas

Los amores del emperador con la viuda de su abuelo

Si los amoríos de Carlos V como emperador del Sacro Imperio o Carlos I como rey de España se hubieren sucedido en esta época el mismo Berlusconi se sentiría superado y la sociedad se hubiera escandalizado

Pero cada época trae sus modas, sus costumbres y su moral. Por lo visto en siglos anteriores la moda entre los reyes, los nobles y los caballeros era la de tener amantes de categoría y reconocer y ennoblecer a sus bastardos. Si los aristócratas tenían amantes, los comerciantes y burgueses tenían "queridas" y los hombres del populacho tenían "barraganas".

Un poco de interesante historia. Don  Carlos era hijo de doña Juana la Loca, a su vez hija de los reyes de España don Fernando y doña Isabel a quienes la historia los llama los reyes Católicos, y de don Felipe El Hermoso hijo del emperador de Austria y por lo tanto del Sacro Imperio. El joven príncipe don Carlos, por una serie de muertes de sus hermanos heredó la corona de España por parte de su madre doña Juana La Loca quien por ser loca no era habilitada para reinar y heredó la corona imperial por parte de su abuelo el emperador de Austria.
La reina Isabel murió y su ambicioso viudo don Fernando de Aragón hizo todos los  movimientos y jugadas diplomáticas y políticas para ensanchar sus dominios, lo cual se hacía mediante matrimonios calculados con mentalidad de ajedrecista. Casarse con la hija de un rey permitía alianzas y porque no, eventualmente heredar otra corona.
El viejo y viudo rey Fernando puso sus ojos en la jovencita princesa Germana de Foix, de la alta nobleza francesa, sobrina del rey Luis XIII, y se convino el matrimonio el cual se realizó por poder. Posiblemente se hubiera podido anular por no poder. Dicen que el rey murió afectado por tomar unas yerbas que se decía cumplían el mismo efecto del viagra de esta época.
Ya próxima su muerte don Fernando el Católico se encontró con un panorama político de incertidumbre sobre la sucesión del trono de España: su hija doña Juana era incapaz por locura, no había más hijos, su heredero más inmediato era su nieto don Carlos, quien ni había nacido en España,  ni hablaba español, y que siempre vivió en Flandes. El rey presintiendo su muerte escribió al futuro rey y emperador encomendándole especial cuidado a la que sería su joven viuda doña Germana de Foix. Murió el rey, y lo sucedió no sin polémicas su nieto don Carlos, apenas saliendo de la adolescencia. 
Don Carlos recibió la carta de su abuelo y cumplió ampliamente sus instrucciones de cuidar a su viuda Germana. Lo hizo en exceso pues la convirtió en su amante. Amante de la viuda de su abuelo, es decir su abuelastra. Fruto de este amor fue la infanta Isabel, que aun cuando nunca fue reconocida, si recibió el trato de Infanta de España, título reservado para las hijas de los reyes de España.
El rey emperador fue más allá y para cumplir los deseos de su abuelo nunca descuidó a la joven doña Germana a quien para evitar chismes decidió casar igualmente por intereses políticos con Fernando de Brandeburgo. Propensa a la viudez temprana doña Germana quedó pronto viuda, y su tutor le concertó un nuevo matrimonio, esta vez con el Duque de Calabria.
Muy amable don  Carlos nombró a Germana virreina de Valencia, cargo que ejerció con toda firmeza y en donde reprimió duramente el alzamiento de las llamadas germanías o movimiento de los gremios (germanía en dialecto valenciano, germán= hermano,  es hermandad) .  El fin de la inquieta y poderosa doña Germana no fue feliz: afectada de una hidropesía deformante murió de cuarenta años.
Sus amores con la viuda de su abuelo no impidieron que el católico rey mantuviera fogosos amoríos con la joven Juana Van der Gheynst, con quien tuvo una hija: Margarita de Parma, a quien años después el rey Felipe II su hermano medio, designó Gobernadora de los Países Bajos.
Fruto de otro amorío con una menos conocida amante fue Juana, a quien recluyeron junto con su madre en un monasterio al cuidado de la madre abadesa, doña María de Aragón, hija natural de Fernando el Católico.
Pero hay más. Otro amor fue con doña  Ursolina della Pena, con quien con quien se relacionó en Roma y les llegó la niña Tadea.
El enamoradizo emperador quiso también ser galante con doña Anne de Pisslen, duquesa de Etampes, amante oficial del rey de Francia Francisco I y un cuadro de la época recoge la anécdota galante en la cual don Carlos, dejó caer un valioso anillo al suelo. La joya rodó hasta los pies de la dama que se aprestó a recogerlo, para entregárselo al emperador, pero Carlos, galante y coqueto, le dijo "...está, ahora, en manos demasiado bellas, le ruego que lo guarde para siempre".
Hasta donde se conoce la última aventura con consecuencias bautizables del emperador ya viejo dio como fruto al famoso Gerómin que paso a la historia con su nombre oficial de Don Juan de Austria, vencedor junto con  al almirante don Andrea Doria de la batalla de Lepanto. Era hijo del emperador y tal vez su última amante doña Bárbara de Blomberg.
Debe decirse que la esposa de don Carlos doña Isabel de Portugal era la mujer más bella de su época como puede apreciarse en el retrato de la bella reina.
Don Carlos ya en su ancianidad hizo lo que muy pocos mandatarios hacen: renunciar a sus tronos, abdicó el reino de España y sus posesiones de América y Filipinas en su hijo Felipe II, y el imperio en su hermano Fernando de Austria.
El emperador quiso terminar sus días recluyéndose en el monasterio de Yuste, tal vez para recordar sus glorias como guerrero y como amante.
                Izquierda, doña Isabel  de Portugal, esposa de Carlos V, famosa por su belleza.   Derecha doña Germana de Foix viuda del rey Fernando El Católico abuelo de Carlos V y luego amante de su nieto. 

sábado, 1 de octubre de 2011

Familias poco edificantes

Hasta en las familias reales se esconden vergüenzas...

Ya despreocupado de los temas políticos y cívicos que no podremos cambiar, seguiré la línea de escritos light, traigo un tema intrascendente, pero interesante.
Ya sabemos por los  noticieros y las revistas del corazón de las ligerezas y escándalos sexuales y extraconyugales de algunos reyes, o príncipes de Europa. Para la muestra las escabrosas e idiotas conversaciones de Carlos Príncipe de Gales, ("el orejas", como le dice Pérez-Reverte) y su amante ahora su esposa,  o los amoríos de lady Diana su ex esposa, o a los poco ejemplarizantes nietos de la reina Isabel. Esos escándalos en fin  de fines son cosas de sus vidas privadas. Mi tema se referirá a los sucios negocios en que algunas familias reales se han involucrado históricamente. Esto nos hace pensar que no es motivo de orgullo ser descendientes de reyes y de nobles cuando se pueden encontrar tatarapuelas. (la p no es error, es la inicial que hace referencia a ciertas damas.)
La trata y comercio de esclavos. Si alguna actividad comercial es infame y violatoria de todos los derechos humanos, es la trata y comercio de esclavos.
Se comenta a nivel histórico que amparada en sociedades en comandita (en donde existe un socio oculto o comanditario) la reina Isabel I de Inglaterra, llamada la Reina Virgen (???), tenía intereses e inversiones en el comercio de negros miserablemente cazados y secuestrados en África, para ser vendidos en sus colonias. El negocio era altamente rentable y por ello la reina legitimaba la compra de esclavos y su incorporación al patrimonio de sus dueños, como si se tratara de bienes muebles o semovientes. De modo que tenemos que una reina de los ingleses fue comerciante de esclavos.
Pero además de socia comercial en el negocio de la venta de africanos la Reina Virgen fue patrocinadora y socia de piratas. Su principal socio fue John Hawkins, quien descubrió que le resultaba masa fácil asaltar los barcos negreros portugueses y holandeses y robarse el cargamento de esclavos para después venderlo de contrabando en América. Se ahorraba así las  molestias de las excursiones de caza de negros y los peligros del Arica ecuatorial. Ante el éxito de Hawkins la reina Isabel I decidió entrar en el negocio del contrabando como socia comanditaria. Agradecida por los buenos resultados y dividendos que le pagaba su socio,  Isabel I le nombró Caballero: Sir John. El negrero, contrabandista y pirata escogió como emblema de su escudo de "Sir" la figura de un negro cautivo.
Además la reina patrocinó entre otros sanguinarios piratas a Francis Drake (igualmente Sir Francis) a quienes estimuló y más tarde dio a él y a otros piratas patentes de corso para que piratearan protegidos por la ley con el título de "corsarios" en  todos los mares, siempre y cuando pagaran su parte de los saqueos a la corona.

El comercio de estupefacientes. La producción y comercio de estupefacientes no es invento colombiano ni de Pablo Escobar.  Fue un privilegio de la corona británica quien quiso tener el monopolio de la comercialización del opio producido en la India y otras posesiones suyas y que solo podía exportarse a China bajo  licencia de su majestad británica. Previamente habían convertido a los chinos en adictos al consumo de opio.  Cuando el gobierno de la China quiso prohibir este tráfico que embrutecía a su pueblo,  Inglaterra se sintió lastimada en su jugoso negocio y ese fue el pretexto para declararle la guerra a China,  guerra que se llamó "La guerra del opio". China perdió la guerra, perdió dominio sobre Hong Kong y el opio siguió exportándose y envenenando al pueblo chino en beneficio de su majestad británica.

Los horrores del rey Leopoldo de Bélgica en el Congo  Belga.  La explotación del caucho a base de la cruel esclavitud de los negros del Congo, la revive Vargas Llosa en su reciente novela histórica El Sueño del Celta. Los horrores de los campos de exterminio nazis palidecen ante las barbaridades de los cultos funcionarios que recibían órdenes del rey de los belgas. Dice Vargas Llosa refiriéndose a Leopoldo II " ... a diferencia de lo ocurrido con el exterminio de seis millones de judíos por el delirio racista y homicida de Hitler, ninguna sanción moral comparable a la que pesa sobre los nazis ha recaído sobre Leopoldo II y sus crímenes..." que implicó el sacrificio de más de diez millones de nativos del Congo.

Todos los horrores: la esclavitud, los saqueos, la piratería, las torturas y asesinatos se han justificado por el negocio, el dinero, la ganancia. A los reyes (y en la época actual a los gobernantes y políticos) les encanta el dinero y no se  miden mucho en los medios que deben de emplear para obtenerlo.

En posteriores comentarios podemos referirnos a reinas ninfómanas, reyes y príncipes con malas costumbres, y de paso a gobernantes con síndromes parecidos.

Isabel I de Inglaterra. La Reina Virgen y negrera




sábado, 17 de septiembre de 2011

El hombre volador de Plasencia

Una leyenda simpática. El hombre volador

Reanudo mi Calle Mayor que suspendí por varias circunstancias: cirugía de corazón abierto en mayo, viaje-peregrinación a Lourdes y varias ciudades de Europa en junio y julio, reorganización de la mente en agosto.
Este periodo de replanteamientos mentales me ha servido también para dar una orientación diferente a mis escritos. No sufriré mas por los desastres a que es sometida nuestra ciudad por la mala elección de de nuestros mandatarios locales. Lamentablemente es posible que  Cúcuta continue como un barco sin capitán.
Encausaré mis deseos de escribir a temas menos polémicos, mas anecdóticos, más livianos, como por ejemplo comentar un libro, recordar un viaje, evocar a un personaje amable, etc.

Acabo de leer un gratísimo libro "Desvío a Santiago" de Cees Nootteboom, que me llevó a recorrer nuevamente los caminos de España, pero no con ojos de turista despistado, sino del brazo de un erudito viajero holandés, que demostró saber más de España, sus tesoros, sus regiones, sus caminos, catedrales, monumentos, y puentes, que los mismos españoles. Nootteboom es tal vez el mejor relator de viajes que he leído. En su "Desvío a Santiago", a su paso por Plasencia, nos hace entrar a la Catedral "Nueva" pues es solo de fines del siglo XV, y la vieja es de 1.200. Ya dentro de la enorme catedral, nos invita a observar todos los relieves unos en piedra pero en especial los infinitos detalles de la madera de la sillería del coro, tallados primorosamente en 1500 por el maestro Rodrigo Alemán. Son 41 sitiales altos y 26 bajos, todos llenos de figuras finamente talladas. Recordemos que los sillares son las sillas destinadas a las altas jerarquías eclesiásticas (Obispos, canónigos) en la zona catedralicia llamada el coro.

Al observar figura por figura, talla por talla,  caemos en cuenta que un tallador se podía convertir en un caricaturista. Así como el caricaturista actual satiriza en sus dibujos a los personajes del momento y los hace víctimas de sus agudezas, el tallador de la madera o de la piedra de la edad media o del renacimiento se aprovechaba de su arte para intercalar en las escenas bíblicas a personajes del momento, y representar con cuerpo de animal  la cara de algún personaje que no gozara de sus simpatías.

Finalizaba el siglo XV y el insigne "Maese Rodrigo, tallista" o "Maestro Rodrigo, el Tallador", llamado realmente Rodrigo Alemán, había alcanzado renombre  lo cual movió al obispo de Plasencia a contratar la ejecución de la sillería de su catedral. Nadie podía imaginar que el maestro tallador guardara rencores contra el clero que en esos años era acusado de múltiples concupiscencias y escándalos,  en donde el famoso Papa Borgia (Borja pues era español) era el papá de Cesar y Catalina Borgia, y un  prior de un célebre monasterio pese a su voto de castidad había tenía nada menos que 32 hijos.

El Maestro Rodrigo, bien sea por venganza por las demoras en el pago de su trabajo, o que influido por las doctrinas reformistas de Lutero se dedicó a aprovechar su genialidad de tallador para caricaturizar duramente a obispos, curas, frailes y monjas a quienes representó en maravillosas tallas en actitudes grotescas y francamente eróticas, intercaladas con figuras de santos,  escenas bíblicas o de animales o de monstruos míticos (dragones, grifos perros).
Aún en épocas actuales el escándalo molesta a algunos, por ejemplo el erudito historiador don José Mª Pemán escandalizado se refiere a estas talles para decir que " El cincel, como la pluma, se atreve a herir lo más sagrado. ../...y  hace anidar en las sillerías los monos y diablos con mitra, las zorras con hábito de frailes, predicando a las gallinas al mismo tiempo que les roban los pollos. ..../....Todos esos frailes y monjas que aparecen en las tallas, haciendo mil picardías y diabluras, son la cristalización del anticlericalismo...".  Y si algunos en la época actual se escandalizan,  es de imaginar el furor del clero de esos remotos tiempos cuando descubrieron las escandalosas figuras. Los ofendidos se indignaron aun más cuando le pidieron al escultor que cambiara sus tallas y él respondió que "ni Dios mismo podría hacer una obra mejor".
El maestro tallador se salvó de ser entregado a la Inquisición y de terminar en la hoguera, pero se le condenó a ser encerrado en una de las torres de la misma catedral, en donde debería seguir tallado la sillería. Como lo necesitaban se le permitió tener todo lo que pedía.

Ahora viene la mejor parte de la historia del célebre Maese Rodrigo El Tallador, quien no se resignó a pasar el resto de sus días encerrado. Resolvió huir de su torre prisión, pero huir volando. Así como suena: volando.
Se dedicó el maestro prisionero a imaginar la forma de volar, y ordenó que solo lo alimentaran con aves que debían traerle en gran cantidad y de todo género. Comía muy poco para perder peso, pero guardaba todas las plumas. Efectuó ensayos y experimentos con las aves y sacó proporciones, como por ejemplo que "...para sostener dos libras de carne, se necesitaban cuatro onzas de plumas...".  Proporcionó su peso con el correspondiente peso de plumas, elaboró con maderas livianas y telas unas alas, y llegado el día se las colocó, se engrudó de pegante las alas y todo su cuerpo y se colocó las plumas. Era un hombre pájaro y podría volar.
Las crónicas de Plasencia dicen que todos los habitantes lo vieron volar. Afirma  el jesuita José de la Cerda en su libro en latín que "...huius facti testes oculi placentinorum...” o sea que “Lo vieron y testifican muchos placentinos”  también lo relata la crónica de Antonio Ponz en el siglo XVIII. Lo analizó Caro y ahora muy recientemente sale una novela de Pilar Galán " Ni Dios mismo" que desarrolla esta leyenda (leyenda o verdad?).

¿Qué sucedió con Maese Rodrigo y su vuelo?. Unos dicen que sobrevoló plácidamente la ciudad, y que poco después, sobrepasadas las murallas de la ciudad se estrelló contra un puente y murió. Pero otros contemporáneos que lo vieron volar afirman que Maese Rodrigo el Tallador, voló y voló y jamás se volvió a saber de él.  En todo caso no se conoce su tumba, pero si la fecha de su vuelo y desaparición, no llegaba a los cincuenta años de edad.
En todo caso como testimonio quedan sus tallas que se conservan en la Catedral "nueva" de Plasencia, que pueden visitar cuando pasen por la Extremadura.
Una recomendación: Antes de viajar por España, por favor lean "El desvió a Santiago" de Cees Nooteboo les fascinará. También es recomendable conocer el origen del nombre de las ciudades, por ejemplo Plasencia viene del lema "Ut placeat Deo et hominibus” (“Para  complasencia de Dios y de los hombres”)
Cees Notteeboon                                  La  Catedral de Plascencia                    Silleria tallada


       

martes, 10 de mayo de 2011

Hecha la Ley, hecha la trampa

Hecha la ley hecha la trampa

Lo lamento: vuelvo a ser pesimista. Dudo sobre los resultados que puedan darse en el proyecto de ley anticorrupción en los contratos del estado. Y con la ley de indemnización a las víctimas del “conflicto armado”, temo que lo peor en materia de corrupción está por venir.
Una larga experiencia en lidiar con leyes y procesos me ha enseñado que entre más se legisle, más se regule y más se reglamenté, lo único que se logra es encarecer las propinas o comisiones.
Ante las nuevas dificultades y nuevos trámites y papeleos, necesariamente aparecerán los solucionadores. Los que pueden resolver los trámites, los que tienen acceso a las soluciones y adjudicaciones, y por supuesto previo pago de esos buenos oficios bajo una comisión de un  tanto por ciento.
En su momento se dijo (década de los años 80 y 90) que las normas que regulaban la contratación oficial, eran las generadoras de las comisiones, los amaños y la corrupción. Se clamó por una nueva normatividad y se dictó la  nueva ley de la contratación estatal. Además se dictaron normas para reducir los trámites y papeleo. (Ley anti trámites).

El resultado lo estamos viviendo: solo se logró que se encarecieron las comisiones. Para contratar o para adelantar con  éxito cualquier trámite, llámese licencia, permiso, etc., los interesados descubrían que era necesario tener infinita paciencia o recurrir a pagar ese impuesto que los funcionarios llaman el CVY (Cómo Voy Yo).  Más triste aún: el CVY no solo aparece en la contratación o en los trámites, dicen los litigantes que la justicia no es ajena este gravamen. También dicen que hasta en actuaciones totalmente privadas, el CVY es normal, como por ejemplo ofrecer y recibir un “estímulo” para ser aceptado en un  club social, o ganar un contrato entre personas particulares.

Junto con la nueva ley anticorrupción,  se tramita  la discutida ley de reparación de víctimas del “conflicto armado”. Ya se discutió a partir de qué año se debe “indemnizar” a las víctimas. Esa fecha podía ser muy elástica pues desde los años cuarenta muchas familias de nuestros pueblos fueron víctimas de desplazamientos y de pérdida de su patrimonio. En esa época no se habló de reparación. Los desplazados llegaron a las ciudades y en lugar de pedir limosna en los semáforos (también es cierto que en esos años  no se conocían los semáforos) o de esperar ayudas del gobierno, les tocó trabajar, y hoy sus descendientes son personas acomodadas.

Hoy ser “desplazado” se convirtió en una profesión. Pareciera que alguien los indujera a no trabajar, a no hacer  nada diferente de pedir y esperar las ayudas e indemnizaciones del estado, de un estado que  no fue el causante de su desplazamiento y su despojo. Claro que es  muy lamentable la situación de esos desplazados, siempre que de verdad sean víctimas reales de desplazamiento, y el estado debe colaborarles en un reubicación y en la recuperación de sus propiedades perdidas. Pero otra cosa va a ser el pago de indemnizaciones.

Presiento que surgirá una manada de hambrientos lobos que ofrecerán sus servicios profesionales para hacer esos reclamos, y que surgirán más y más “victimas” que presentarán sus demandas. Y sobrarán las personas que tendrán poder decisorio para lograr que esas personas sean calificadas como “victimas” y obtener que se paguen indemnizaciones, a cambio por supuesto de un “honorario” o “comisión”.
Por otra parte me pregunto: ¿Tendrá el estado presupuesto para atender tantas demandas de indemnizaciones?  O tendrá que disminuir la inversión en otros rubros para evitar ser demandado con tutelas?
Quisiera ser optimista, pero no veo las cosas claras.

sábado, 30 de abril de 2011

Los Nule. ¿Un caso de responsabilidad social compartida?

Los Nule. ¿Un caso de responsabilidad social compartida?

Mucho se ha dicho en todos los medios sobre el “El Caso Nule”: se han presentado acusaciones, se han revelado documentos, se ha salpicado a unos cuantos personajes, se han oído las declaraciones de los mismos jóvenes  Nule (sí jóvenes pues apenas rondan los 40 años o menos). Se les ha condenado mediáticamente y se  hacen cálculos sobre los años de prisión que soportarán. Se conocen públicamente los métodos empleados, los sobornos, el manejo del dinero. Es decir todo el andamiaje externo de las maniobras que terminaron por causar  graves daños al patrimonio público, a la malla vial de Bogotá y de otras regiones, y que llevó a la cárcel a sus protagonistas y colaboradores.

Un  buen criminalista, no quedaría contento con solo descubrir los hechos e inculpar a los autores. El buen criminalista sabe que todo crimen tiene antecedentes, motivaciones, estudio de la personalidad y carácter de los protagonistas de los hechos. Una investigación criminal debe estudiar el medio ambiente en donde se desarrollaron las acciones delictivas, el entorno social que envuelve al delincuente, sus conceptos y valores morales, etc.

Si al “Caso Nule” le hiciéramos el análisis del entorno social y moral que rodeó a estos ejecutivos,  podríamos obtener un diagnostico no solo de este caso en particular sino del estado para-delincuencial en que se mueven  numerosos ejecutivos, financistas, contratistas y funcionarios.

La sociedad, a través de todos los medios: cine, TV, revistas, prensa, publicita permanentemente a los ejecutivos exitosos, publican sus estados financieros,  analizan sus empresas, muestran sus nuevas y lujosas adquisiciones, pues al igual que los personajes de la farándula, desean ser miembros del Jet Set.

Los ejecutivos que no logran encasillar en ese tren de vida son considerados dentro de la escala actual de valores como unos “perdedores”. Los que figuran en TV, revistas y prensa son los exitosos.  Jóvenes y cincuentones que hayan alcanzado ese tipo de éxito se sienten fracasados. Se desarrolla de manera colectiva el síndrome de temor al fracaso y al menosprecio social.

Hace pocos años la revista Semana presentó al grupo Nule como un ejemplo de ejecutivos exitosos. Se narraron todas sus actividades y el entramado de sus empresas, asociaciones, uniones temporales, licitaciones, y el lujoso tren de vida que llevaban gracias a su éxito empresarial. Eran un modelo a seguir por los aspirantes a ser empresarios exitosos.  Hoy la misma revista los desnuda y los presenta como el símbolo del fracaso empresarial. Pero nadie entra a analizar hasta qué punto la misma sociedad, la misma prensa,  los mismos sistemas de contratación son igualmente responsables de que se dé este tipo de “éxito”. Porque el caso de los Nule, es solo un caso entre los muchos que en cualquier momento puede estallar.

Al igual que los Nule, muchos “ejecutivos” se lanzan en busca del éxito dotados de un diploma, de algún amigo influyente, eventualmente de un papá medianamente rico, y sobre todo de  mucha audacia e imprudencia. Los empuja la necesidad de ser exitosos y el asco de ser considerados “perdedores” o “losers” como dicen los más refinados por ser bilingües. Todos saben y predican que “sin comisiones no hay contratos”.

Estos impetuosos empresarios tienen características comunes: Creen que el éxito es tener dinero y fama.  Creen que para alcanzar el éxito todo vale. Por lo mismo asumen todo riesgo y la imprudencia es lo normal, juegan a que todo les salga bien. Todos miran a su competencia por un retrovisor que tiene lente de aumento y por ello quieren tener más que los otros. Hacen alianzas con cualquiera a quien ellos crean que les sirve a sus propósitos, sin importar sus referencias. No hay objeciones de conciencia y todo escrúpulo se pierde.

Por ello no debe extrañar la famosa frase de uno de los Nule de que “la corrupción es inherente al género humano”. Ellos y muchos otros ejecutivos así lo sienten y lo creen,  pues para lograr su fulminante pero efímero éxito se vieron en la necesidad de sumergirse en ese mar de corrupción.  Me pregunto: ¿Hasta qué punto los Nule y los funcionarios y políticos pedigüeños son los únicos culpables?  Yo enjuiciaría también al medio empresarial competitivo e inescrupuloso. Al sistema en que se desarrolla la contratación oficial. A los medios que proclaman y endiosan en las páginas sociales y en las empresariales  a los “exitosos” lo cual invita a otros a emularlos por cualquier medio. Y también a la academia que no enseña desde las aulas la eterna vigencia de principios éticos.

También al establecimiento que no ha sido capaz siquiera de “Reducir la corrupción a sus justas proporciones”, cómo pragmáticamente dijo el presidente Turbay, ya que será bien difícil, casi que utópico, erradicarla totalmente.







lunes, 11 de abril de 2011

Ciao Comendatore

Arrivederci Ciao Comendatore

No había necesidad de dar el apellido, bastaba decir Giovanni, para saber a quién nos referíamos. Mas en confianza le decíamos Comendatore, nombre cariñoso y nobiliario que sus amigos le otorgamos, título que por cierto le agradaba.
Me pregunto cómo lo definiríamos, y brotan una serie de atributos que reflejan de cuerpo entero, es decir de manera grande, su inolvidable personalidad, enumeremos algunos:
Amable: atributo que está desapareciendo poco a poco en nuestra sociedad, poco dada a tolerar, a servir con agrado, a saludar, a sonreír.
Cívico: don más estimable si sabemos que se interesaba por su querida Cúcuta mucho más que los nacidos y criados en este rumoroso valle. Giovanni participaba en todo grupo, toda actividad, todo club, toda tertulia y su tema era el interés por el desarrollo y la situación de la ciudad, tan lejana de su Véneto natal.
Generoso: el Comendatore era pródigo, regalaba con agrado y sin ostentación. Guardo con afecto detalles de muy buen gusto que me obsequió.
Sociable y amigo de sus amigos: en una sociedad cada vez menos participativa y cada vez más aislada Giovanni era sociable, amiguero, conversador, amigo de la grata tertulia. Por ello tenía tantos amigos que hoy añoran su presencia. Era grato oírle sus remembranzas de sus andares por el mundo, su participación en la II Guerra Mundial (por molestarlo yo le decía que él era veterano pero de la I Guerra Mundial)
Servicial: no dudaba en colaborar con quien le pidiera consejo.
Elegante: ahora cuando hasta distinguidos personajes andan desaliñados, mal trajeados y con modales dudosos, Giovanni daba cátedra del buen vestir, y de modales adecuados y ceremoniosos.
Sentido del humor: en una sociedad intolerante e irascible, Giovanni mostraba siempre un grato sentido del humor, gozaba sobre las chanzas que sus amigos le hacían.
Galante: con las damas, muy lejos del atrevimiento y vulgaridad.
Esposo, padre y tío: su cariño por su familia lo atestiguan Lucy, sus hijas y su querido sobrino Giuseppe quien veía en él a un segundo padre.
Empresario y líder gremial: graduado en esa escuela de la experiencia que fueron las grandes casas comerciales italianas y alemanas que tanto brillo dieron a la Cúcuta en las cinco primeras décadas del siglo XX, Giovanni creó un establecimiento comercial que era orgullo de los cucuteños por la calidad de su mercancía, muy apreciada también por los venezolanos de buen gusto (que también los hay) que justificaban su visita a Cúcuta solo por ir a donde Giovanni.
Como líder gremial fue un importante y participativo miembro de Fenalco. Pero también fue líder deportivo, vinculándose generosamente en  el sostenimiento de nuestro equipo el Cúcuta Deportivo a sabiendas de que en esas buenas épocas no eran precisamente dividendos ni prebendas lo que daba el ser directivo del equipo.
Nos va a hacer mucha falta el Comendatore. Será añorado en su mesa habitual de la Venecia, o en la tertulia cultural y musical de Jaime Machicado, o en el Club Rotario.
En estos últimos meses se nos ha ido mucha gente buena. Giovanni se encontrará allá en el Reino de la Luz con Margarita Guerrero, Margarita Mendoza, Gladys Suárez, Marina Viccini, Chila Mogollón, de golpe se chanceará con Cayetano Morelli, y hará reír a Hernando Ruán.
Arrivederci Giovanni.








lunes, 14 de marzo de 2011

...como matar a un ruiseñor...

…como matar a un ruiseñor…
Escarbando en mi cajón de los recuerdos, reviví la película  “Como matar a un ruiseñor” basada en la novela de Harper Lee, del mismo nombre cuya traducción al español induce a un equívoco, pues no se trata de indicar la  manera de matar a un ruiseñor, sino de un comparativo. Algo tan estúpido…como matar a un ruiseñor… Algo tan sin razón…que es como matar a un ruiseñor…. Algo tan ruin…como matar a un ruiseñor…”.
Y es que la vida diaria nos enfrenta con actuaciones y con personajes que sin razón alguna hacen cosas como matar a un ruiseñor, como quitarle un juguete a niño,  como negarle un bocado a un hambriento, como no responder un saludo, repetir un chisme, burlar a alguien por un defeco físico, tratar despectivamente a un empleado o un alumno o un subordinado,  y así muchas actuaciones u omisiones, que pueden no ser delitos pero que son indicativos de pobreza de sentimientos, y a veces de bajeza y de ruindad.
Nos educaron y a su vez educamos para que no se delinca, pero pocas veces se educa para ser generosos, para no matar a un ruiseñor, para no herir. Y en esta forma estamos desarrollando una sociedad fría e indiferente. Una sociedad que solo se conmociona cuando la tragedia o el dolor apuntan individual y directamente a uno de nosotros, pero que pronto olvida los dolores ajenos y sigue de rumba.
Por ello me pareció un buen síntoma el hecho de que se hubiere dado despliegue y repudio al incidente de la patada mortal a la lechuza del estadio. Ese despliegue y ese rechazo indican que todavía tenemos gente que cree que también son reprobables aquellas conductas que si bien no son delictivas, si son indicadoras de dureza de corazón, de predisposición a la violencia, de pobreza de sentimientos.
Está bien que se condenen esas conductas, y que nos propongamos educar y educarnos en la nobleza de espíritu, en la amable cooperación, el cordial entendimiento, la amabilidad con todos y el repudio a causar todo tipo de daños, tanto materiales como sentimentales.
Y ya que hablamos de la novela y la película dirigida por Robert Mulligan y protagonizada magistralmente por Gregory Peck, ganadora de tres Oscares en 1962, recordaré su trama que será siempre vigente pues siempre existirán inocentes acusados y sociedades que condenan basadas en prejuicios: En los años de la gran depresión, en una pequeña ciudad sureña y por lo tanto racista, una mujer acusa a un joven negro bonachón llamado Tom Robinson de haberla violado. Tom es indudablemente  inocente pero en una sociedad intolerante la opinión pública lo condena anticipadamente y ningún abogado quiere defender lo que se cree una causa perdida. Solo un buen abogado Atticus Finch (Gregory Peck) cree en Tom y asume su defensa.
Este juicio no es solo contra Tom, es el juicio de una comunidad racista que quiere juzgar y condenar a los diferentes, a los buenos e inocentes (simbolizados con la imagen alegre y sencilla del ruiseñor). La novela y la película abordan temas como el aprendizaje moral, el crecimiento personal, y la confrontación entre el bien y el mal, todo ello desde el punto de vista de una niña de nueve años, hija del abogado Atticus Finch,  niña que en la  novela es la narradora. Todo ello dentro de un ambiente  nostálgico  muy propio de los años de la gran depresión.
La compasiva y valiente defensa le cuesta al abogado Atticus la pérdida de muchas amistades, pero le otorga el respeto y la admiración de sus dos hijos, huérfanos de madre.  Se da así otra lección: el deber de un abogado de defender lo que crea sea juna causa justa, de manera generosa, es decir sin esperar la paga.
Si tuviéramos un cine club esta sería  una película que obligatoriamente deberíamos volver a ver los que en los años sesenta la vimos, o que .a vean los más jóvenes.
FICHA: AÑO 1962 
DURACIÓN 129 min.   Trailers/Vídeos 
DIRECTOR Robert Mulligan
GUIÓN Horton Foote (Novela: Harper Lee)
MÚSICA Elmer Bernstein
FOTOGRAFÍA Russell Harlan (B&W)
REPARTO Gregory Peck, Mary Badham, Brock Peters, Phillip Alford, John Megna, Frank Overton, Rosemary Murphy, Robert Duvall
PRODUCTORA Universal. Productores: Alan J. Pakula & Robert Mulligan
PREMIOS 1962: 3 Oscar: Mejor actor (Gregory Peck), guión adaptado, dirección artística. 8 nominaciones